lunes, 20 de febrero de 2012

SEGUNDA VICTORIA

1 comentario:

  1. El pasado sábado 18 el himno del equipo lo cantamos los padres.
    Nuestros hijos corrían emocionados con la victoria. Tanto que creo que se olvidaron de corearlo. Pero los orgullosos padres empezamos a corearlo timidamente emocionados.
    Comencé a tener interés por este deporte allá por el año 82. Madre mía, hace siglos ya! Mi hermano mayor jugaba al baloncesto con mi ahora marido y entonces compañero de clase. Gracias a ellos comencé a conocer y a amar este deporte aunque, como salta a la vista, soy la antítesis de una deportista. Durante años les he seguido y animado hasta que poco a poco las obligaciones nos fueron apartando de las canchas.
    Puedo decir que comencé a amar el baloncesto en un momento en el que en España era casi desconocido ya que el deporte rey era, y sigue siendo, el fútbol. Un momento, no obstante en el que empezó a conocerse viviendo sus primeros momentos de gloria.
    En el verano del 84 estoy segura de que yo sólo fui una más de los miles de españoles que se dieron el madrugón para ver la final de baloncesto de las Olimpiadas de Los Ángeles. Ni más ni menos que contra Estados Unidos. Un rival nada fácil.
    En aquel momento nuestros jugadores (Epi, Iturriaga, Corbalan, Fernando Martín, Romay, Solozábal) dirigidos por Antonio Díaz Miguel se midieron entre otros con nada menos que Michael Jordan. Sabíamos que ganar era imposible pero nuestra selección nos hizo emocionarnos llegando más lejos de lo que lo había hecho nunca: conseguir una medalla de plata. Dos años después, Fernando Martín se convirtió en el primer español en jugar en la NBA. Era mí ídolo. Tenía la carpeta del colegio forrada de sus fotos. Aún la conservo. Esa carpeta y tantos recortables de periódico, firmas de los jugadores, un trozo de cristal de la canasta que Sabonis partió en un torneo de Navidad...
    El pasado sábado, viendo jugar a nuestros hijos después de haberme perdido varios partidos, pude comprobar su progresión. La victoria fue un incentivo importante para ellos y, porqué no , para nosotros como padres, pero lo que más me emocionó fue ver lo que comienzan a ser capaces de hacer. Y de nuevo volví a vibrar, casi casi como aquel verano del 84. Mejor dicho, mucho más.
    Gracias chicos. Gracias Marcos.

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